El 18 de enero de 1535, se efectuó la fundación española dela Ciudadde los Reyes en la región conocida por los indígenas como Lima, nombre que adquirió con el tiempo. Fue la capital del Virreinato del Perú y la más grande e importante ciudad de América del Sur durante el régimen español. Después de la independencia pasó a ser la capital dela Repúblicadel Perú.

En el más central y extenso valle de la costa del Perú, bajo un cielo apacible y sereno, en las riberas del Rímac, a dos leguas del mar y cerca de un pueblo de indios, Francisco Pizarro, el famoso conquistador del imperio de los Incas, fundó, con doce de sus compañeros, el 18 de Enero de 1535, en nombre dela Santísima Trinidad, la población que no había podido establecer ni en Sangallán (Pisco) ni en Jauja, denominándola "Ciudad de los Reyes"; nombre que, si bien fue dado más por motivos religiosos que en homenaje a los soberanos de Castilla, hoy, contemplado a la distancia de largas centuias, parece como una revelación profética de la grandeza a que había de llegar el futuro virreinato.

En el toreo de a pie y de a caballo existen leyendas que ensombrecen la fiesta actual, no por algún negro trasfondo, sino por su grandeza. Como en un mano a mano, hablaré de dos de esas leyendas que, por su naturaleza, se contraponen en todos los sentidos: el matador Manuel Rodríguez, “Manolete” y Conchita Citrón, “la Diosarubia” del rejoneo.

Comencemos con Conchita Citrón, como se haría en cualquier festejo taurino, los de a caballo por delante. Nació en Antofagasta, Chile, el 9 de agosto de 1922, aunque como taurina se le considera peruana, puesto que allí se formó.

En 1936, con apenas catorce años, Conchita hizo su debút enla Plazade toros Acho (Lima, Perú) en un festival de beneficio. Como es de suponer, la noticia de que una mujer lidiaría a caballo, llenó de expectativas a la afición peruana, que le brindó una calurosa ovación al verla salir del ruedo.

A sus diez y seis años fue invitada por Chucho Solórzano a presentarse en nuestra capital, y en junio de 1939, la mejor rejoneadora de la historia, vino a consolidar la carrera que había iniciado en Lima. La Diosarubia del rejoneo también probó suerte en el mundo de las letras, escribió, entre otros libros Recuerdos y ¿Por qué vuelven los toreros?

Conchita Citrón murió a los 86 años, en Lisboa, y con su muerte se cerró un capítulo revolucionario de la mujer en la fiesta de los toros, y seguirá siendo fuente de inspiración para aquellas que sueñan con convertirse en diosas del toreo.

Manuel Rodríguez “Manolete” nació en Córdoba, el 4 de junio de 1917; tomó la alternativa el 2 de julio de 1939 y la confirmó en octubre del mismo año, aunque en su debún (25 de mayo de 1937) compartió plaza con Silverio Pérez.

El monstruo de Córdoba se convirtió en un mito por sus formas de hacer el toreo, lo hacía de perfil, porque así se hace más lento y reposado el pase; con la muleta retrasada para darle la salida natural al toro, para torear a cuerpo limpio; y sin cargar la suerte, de perfil ; “se iba a los toros con rectitud y con la muleta en la mano izquierda”; se metía en los terrenos del toro hasta donde hiciera falta… decía Gregorio Corrochano.

Si algo más lo caracterizaba era su certeza en el volapié… y en su última faena se le vio morir matando, matar muriendo, porque al entrar a la suerte suprema, el miura Islero le sembró la semilla de la muerte, aunque en la enfermería se haya fumado un cigarro mientras aseguraba que no sentía la pierna… y sus últimas palabras, ya en el hospital, el 29 de agosto, fueron. “qué disgusto le voy a dar a mi madre, Don Luis, que no veo nada, no veo nada”…

Manuel Rodríguez “Manolete”