Lázaro Echegaray
España [ 01/03/2012 ]
¿OTRA VEZ HUYENDO DEL TORO?
A penas puedo llevar la cuenta de la cantidad de días (meses) que llevaba sin escribir en OyT. Sí sé que ha sido el tiempo necesario para terminar de dar los últimos retoques, los más costosos por cierto, a una tesis doctoral. La tarea está casi terminada, sólo falta la defensa, y en estas circunstancias debe uno volver a la vida normal. En el camino han pasado muchas cosas en la actualidad taurina, todas ellas interesantes, no todas ellas tan positivas como parecen. La cruda realidad es que sigue sin haber nada nuevo bajo el sol, que a rey muerto rey puesto, pero bajo la misma ley. Total, caramelos que apenas llegan a la boca ya han perdido todo su sabor.

La avaricia del denominado G-10 ha generado cambios sustanciales en las ferias. No se sabe muy bien quiénes son los asesores de esta gente, pero más valdría que los sometieran a examen ¿De quién ha sido la brillante idea de la exigencia de los derechos de imagen? ¿Quién ha sido el Rey Midas que les ha contado que todavía podían ganar más dinero del que ya ganaban? Flaco favor les ha hecho. Con lo que les gustan los dineros a estos señores y resulta que ahora no los van a ganar. Eso sí, ellos, desde esa egolatría que les caracteriza (son la base de la fiesta, son la generación que mejor ha toreado en la historia, son los pilares de la tauromaquia y de las ferias, son los ídolos de las revistas, y los más guapos también) pues se han creído el cuento a pies juntillas. Ni siquiera han sido conscientes de que ya no metían gente en las plazas, de que por mucho cartel de relumbrón que se anunciara allí cada vez se veía más cemento, de que las únicas plazas que se han mantenido han sido aquellas que han defendido al toro. Total, que la torería aburrida de todos los días lo mismo y con los mismos se va a quedar en casa durante una temporada, ay qué penita. Lo tienen merecido. Algunos hasta se alegrarán de no tener que pasar cada tarde el mal rato del miedo; ya tienen excusa para no enfrentarse al peligrosísimo becerro desmochado que han impuesto. Se lo pueden permitir porque el que no vive de vender relojes, vive de vender trajes o de hacerse fotografías en plan tío bueno para todas las revistas o de aparecer más veces vestido más de torero, con aroma de torero, en las marquesinas de las paradas de autobús que en las plazas de toros. Pero es que hay algunos que no se habían enganchado al carro de la moda (la moda del vestir, la del lucir, la del figurar, la moda de la dictadura del dinero, del mama quiero ser artista y que me reconozcan) y ahora los pobres se ven de brazos cruzados matado becerras en el campo y rodeados de los mismos adulones que les aseguraban pingues beneficios con el tema de la imagen. Por cierto, otros que verán mermadas sus labores serán los facultativos médicos pues ya no tendrán que hacer tanto parte de excusa.

Como se ha repetido hasta la saciedad, sacar a los abusones de los carteles abre la puerta a todos aquellos que antaño, demostrando ser más valientes, más honrados, más honestos y más profesionales -sí, más profesionales pues profesional es el que entiende la deontología de su profesión-, toreaban menos, a veces incluso nada. Así que se vuelven a ver a toreros de antes en los carteles y eso es una alegría. Pero no hay mal que por bien no venga. Ahora resulta que esos toreros quieren sustituir a los mandones. Y hacer exactamente lo mismo que ellos. Pongo un ejemplo: mano a mano en Madrid entre dos toreros del medio escalafón que traían loca a la afición matando las corridas que mataban y estando con ellas como se debía de estar. Pues se van a Madrid, a Madrid, insisto, al mano a mano, con la de Jandilla. ¿Y la de Pereda? Por el amor de Díos. A la primera de cambio nos encontramos con esto. Y no les digan nada ustedes ni a ellos ni a su gente porque entonces ustedes pasarán a ser ‘malos aficionados’, igual que quien critica las acciones del gobierno, sea el gobierno que sea, se convierte en un ‘mal patriota’. Si lo que quieren es ganar dinero fácil, deberían haberse hecho brokers que, visto lo visto, ha sido y es un negocio: poco arriesgado, sin moverte de tu ciudad, el fin de semana en casa y harto de billetes que llegan de la estafa. Visto que uno de estos toreros ya llevaba tiempo pidiendo ‘las blandas’ y como ahora no hay quién se las lleve, pues hagan ustedes cuentas de lo que parece que va a pasar. Yo casi prefería las cosas como estaban antes, con diez chupones herrados con una G y unos cuantos valientes a los que llamábamos toreros, dónde va a parar.

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