Zabala de la Serna | Madrid
Actualizado jueves 19/05/2011 00:56 horas

Nadie se responsabilizaba a la entrada de la plaza del sindios de los toros de Cuvillo. Los polvos del 15M trajeron estos lodos. Injusto, pues ninguno venía por debajo del 2 y 3 del otro día. Eso dice el ganadero. Y el presidente niega: la corrida no tenía trapío. José Antonio Martinez Uranga hacía guasas de las suyas, pero de las corridas señaladas no sabe no contesta. Los apoderados de las tres figuras hacen suya la frase “pagamos los platos rotos”. Total, que entre todos la mataron y ella sola se murió.

Remendada la corrida con dos toros de Órtigao, saltó el primero de Cuvillo y ya es cuando uno no entiende nada. Sin trapío, terciado, feo perfil izquierdo, los pitones astillados… Y geniecito. Castella en los mismos medios pese al viento. Barullo de principio hasta que le cogió la distancia y el punto por abajo para evitar los molestos tornillazos. Tres series limpias, una por la izquierda y dos por la derecha. Imagen de firmeza.

El Juli empezó sensacional con el capote. Las verónicas y los delantales. El toro de Ortigao de escaso poder. Apenas lo picó y llegó con la lengua fuera. Se lo sacó a los medios en decisión dudosa: le pesaba al toro los terrenos y a Juli el aire. Lo cerró al tercio. Evitó el viento pero no el desfonde del de Ortigao.

Juli explotó en serio el pitón derecho del 4 que era de Cuvillo. Las mejores hechuras. Y el mejor juego en manos de un torero que torea con media muleta arrastras. Imposible más baja la mano. Poderosas las series diestras. A izquierdas no era igual el cuvillo. Lo único que le sobró al Julian fue una serie. Cortar antes. La estocada fue un zambombazo. Pelín desprendida. La petición acabó en oreja. Protestada. Para no cambiar el chip de la tarde. Manzanares con el gordo tercero, burraco, había estado inteligente en los terrenos (los del “6”) para protegerse del viento. Cumbre Trujillo con los palos. El toro de Cuvillo tenía la cara muy abierta. bastó como un mulo. Como fue. Se movió pero clase cero. No colocaba la cara, y quería coger la muleta molesto, como ladeando la cabeza. El triunfado de Sevilla logró bellos muletazos muy inconexos en una faena de desigual temple (muchos tirones, todas las veces que clavó el toro los pitones en la arena) y sobre todo profusa. La estocada al encuentro fue de una facilidad pasmosa.

Devolvieron el quinto de Ortigao. Y salió un sobrero de Carmen Segovia que manseó pero apuntó cosas en el capote. Muy templado el quite de Castella por chicuelinas y tafalleras. Brindó al público y arrancó como suele. Por cambiados. No duró apenas el toro, que se frenó de manos. Corto el viaje y el cuello.

El sexto se tapaba por la cara derribó a Chocolate en fea caída. Manzanares en estado de gracia lo templó mucho sobre la mano derecha. Tres series de empaque y ligazón. Un cambio de mano excelso. Diestra siguió la faena. Un molinete improvisado. Buen toro. La izquierda no encontró la misma respuesta. Siguió y el toro se le quedó debajo. Fea voltereta. Ya no era igual la embestida. La faena fue basculando de terrenos hacia la los chiqueros. Cada vez el toro a menos. Fenomenal una trinchera. Y cumbre la estocada en la misma boca de riego en la suerte de recibir. Una sola merecía la estocada. La otra…

Ficha:

Monumental de las Ventas. Miércoles, 18 de mayo de 2011. Novena de feria. Lleno de “no hay billetes”. Toros de Nuñez del Cuvillo, muy desiguales de presentación, una escalera, paupérrimo el 2º y con geniecito, feo el gordo y basto 3º, sin clase; bien hecho el 4º que fue el mejor por el derecho; el buen 6º fue a menos; y dos de Ortigao Costa, el regordío y desfondado 1º y el devuelto y armado 5; y un sobrero de Carmen Segovia (5º bis), manso, noblote, frenado y a menos.

El Juli, de verde botella y oro. Pinchazo y estocada (silencio). En el cuarto, estocada pelín rinconera (oreja).

Sebastián Castella, de coral y oro. Estocada corta (aplausos). En el quinto, estocada pasada. Aviso (silencio).

José María Manzanares, de obispo y oro. Estocada al encuentro (ovación). En el sexto, estocada en la suerte de recibir (dos orejas). Puerta Grande.

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