El periodista y escritor estadounidense Ernest Hemingway (Premio Nobel de Literatura en 1954) fue reportero en la Guerra Civil española. Antes, durante y después de esos tensos años, Hemingway fue un gran aficionado a los toros, a los que dedicó obras como Fiesta y Muerte en la Tarde. Hemingway vibraba con los Sanfermines. Su torero preferido era Antonio Ordóñez, cuya rivalidad con su cuñado Luis Miguel Dominguín describió Hemingway en 1959, en memorable relato para la revista Life: El Verano Sangriento
Tradición.
Un poco como Ernest Hemingway, Gray recorrió puntos clave: Sevilla, Santander, Madrid, Béziers, Perpignan e incluso pisó Zahariche, el legendario cortijo donde se crían los toros de Miura, en el corazón del calor de Andalucía, entre Lora del Río y La Campana, provincia de Sevilla. Centró su trabajo en el matador de toros Antonio Barrera y en su dramático empeño de cortar una oreja a un toro de Miura, en cumplimiento de una promesa a su padre moribundo: José Manuel. Gray se entrevistó con toreros, periodistas y gente del toro. Y conoció de cerca a Antonio y Eduardo Miura, titulares de la legendaria ganadería: los toros de Miura son los que más muertes han causado en la historia de la Fiesta, lo que Gray resume en tres palabras: “La Leyenda Negra”.
Al fin, en el número del pasado nueve de mayo, (Volumen 114, número 19), Gray dedica ocho páginas completas de Sports Illustrated al mundo de los toros, con formato de relato novelado, bajo el título: La Peligrosa Obsesión de Antonio Barrera. Una gran fotografía del torero sevillano (de Mairena del Alcor) abre el reportaje, que bascula entre la promesa idealizada de Barrera a su padre, en el lecho de muerte, y la leyenda casi mitológica de las reses de Miura.
Escribe Gray: “Todos los toros de Miura tienen masivas patas delanteras; sus esqueletos son inusualmente largos () y además están los ojos de los Miuras: parecen casi humanos. Se cuenta en Sevilla que, a comienzos del Siglo XX, el famoso matador El Gallo (Rafael Gómez Ortega) se cuadró ante un Miura para darle muerte y entonces se apartó del toro. El Gallo pasó una noche en el calabozo por incumplimiento de contrato. Preguntado por sus razones, (Rafael) dijo que cuando miró en los ojos del toro, vio que le miraba con los mismos ojos de su mujer, Pastora Imperio, la ardiente bailarina de flamenco”. Este fue un hecho verídico.
“Cuando un toro pasa junto a un matador, transfiere su poder al cuerpo del torero y bombea tanta energía que (el torero) queda transformado”, se admira Gray, quien detalla los numerosos percances de Barrera en su peligrosa obsesión. Hoy, Gray sigue por España, fascinado por Barrera y los toros de Miura: aquellos toros que miraban con “los mismos ojos de Pastora”

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